domingo, 23 de julio de 2017

DESATINOS, INCOHERENCIAS Y CLAUDICACIONES POLÍTICAS.

LIBERTAD Y DEMOCRACIA DEBILITADAS.


Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com.


La reflexión sociopolítica propiamente dicha, referida al título y subtítulo de este artículo, la encontrará el lector después de los párrafos prologales. El comentarista explica que tal estructuración fue debida a que quiso partir de la contraposición entre dos formas de entender la política y de llevarla a la práctica, plasmadas en sus respectivas obras, como fueron la del filósofo y tratadista italiano, Nicolás Maquiavelo, en los albores del siglo XVI y la del insigne pensador español, Jaime Balmes, en los inicios del XIX, tan distanciados ideológicamente como los tres siglos que les separan en el tiempo. Huelga decir que tanto El Príncipe de Maquiavelo como El Criterio de Balmes figuran con toda seguridad en los anaqueles de las librerías personales de quienes tengan un elevado grado de interés por el saber cultural, el cultivo del intelecto y el devenir histórico del pensamiento social y político de Europa.

El autor, trae a colación a estos dos reconocidos y reputados personajes por ser precisamente exponentes del pensamiento político europeo desde la edad moderna hasta nuestros días, que, aunque ideológicamente son antagónicos, sin embargo puede establecerse entre ellos un cierto parangón debido a la concomitancia de algunas similitudes y analogías, como, por ejemplo, la de que ambos sobresalieron por su excepcional erudición. No obstante, deben subrayarse las diferencias metodológicas con respecto al modo de conseguir determinados fines u objetivos, puesto que para el primero el fin puede justificar los medios en algunas ocasiones y, en cambio, no fue así en el caso del segundo.

Por consideración hacia el versado lector, a buen seguro ávido de satisfacer curiosidades sociales, políticas y culturales, el articulista reproduce aspectos sustantivos de las obras maestras de estos dos artífices del movimiento político euroccidental. De la del Príncipe, escrita por el propio Nicolás Maquiavelo desde la cárcel, se extrae y destaca la recomendación que hace a los dirigentes políticos con respecto a que en sus actuaciones públicas han de ser astutos y sagaces. En síntesis, hay que señalar que en realidad Maquiavelo escribió un verdadero tratado sobre el arte de ejercer la política; el método de conquistar los principados, así como el modo práctico de gobernarlos y mantenerlos. Por lo demás, en dicho tratado establecía que el buen príncipe o gobernante ha de ser virtuoso y afortunado.

Asimismo, resulta sorprendente y a la vez curioso constatar que personalidades históricamente tan relevantes como Benito Mussolini, Napoleón Bonaparte o Voltaire hayan tomado buena nota de este clásico de la literatura universal. Según Maquiavelo, de los hombres en general puede decirse que son ingratos, volubles, simulan lo que no son y disimulan lo que son, huyen del peligro y están deseosos de riquezas. Además, añadía, un hombre que quiere ser bueno entre tantos que no lo son, labrará su propia ruina y que los hombres ofenden antes al que aman que al que temen, sin olvidar otras frases suyas, como que vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse. Asimismo, asevera que todos ven lo que aparentas, pero pocos advierten lo que eres. Y, por último, se recuerda aquel maquiavélico consejo a propósito de la conveniencia de ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos.

Del Criterio de Jaime Balmes, se extractan algunas de sus luminosas y magistrales ideas, como las relacionadas con saber en qué consiste el pensar bien y qué es la verdad. El pensar bien consiste o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas, dice Balmes. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error. Conociendo que la variedad de las estaciones depende del Sol, conocemos una verdad, porque, en efecto, así es; conociendo que el respeto a los padres, la obediencia a las leyes, la buena fe en los contratos, la fidelidad con los amigos, que son virtudes, conocemos la verdad. Y advierte que  caeríamos en error pensando que la perfidia, la ingratitud, la injusticia, la destemplanza, son cosas buenas y laudables.

En consecuencia, si  deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. Y de manera un tanto categórica formula una pregunta: de qué sirve discurrir con sutileza o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad. Al respecto, Balmes alecciona con el ejemplo que sigue: un sencillo labrador, un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, piensan y hablan mejor sobre ellos que un presuntuoso filósofo, que, con encumbrados conceptos y altisonantes palabras, quiere darles lecciones sobre lo que no entiende. Y en cuanto a los modos de conocer la verdad es importante destacar que, a veces, conocemos la verdad, pero de un modo grosero, ya que la realidad no se presenta a nuestros ojos tal como es, sino con alguna falta, añadidura o mudanza.

Tras las pinceladas preliminares de los citados ideólogos, el analista pretende ofrecer sólo una síntesis reflexiva de las contingencias políticas acaecidas en España y allende sus fronteras, dado que los hipotéticos lectores no abrigan demasiadas dudas sobre la valoración que merecen las actitudes y comportamientos de los dirigentes políticos en general, aparte de los españoles. No siempre se puede afirmar con rigor y objetividad que los ciudadanos actuales se comporten como una masa acrítica ni que estén en los estertores de los movimientos sociales y políticos, como el del 15 M. 

Y esto, porque sencillamente hay que tener en cuenta que a nuevos tiempos corresponden nuevas formas de expresión de las inquietudes individuales y colectivas. No obstante, tampoco se puede negar ni olvidar que las convulsas revueltas sociales del pasado reciente, dieron paso al resurgimiento de los exacerbados nacionalismos de corte radical y a que emergieran en prácticamente todo el mundo occidental los perniciosos nuevos populismos caudillistas y los totalitarismos antisistema de nuevo cuño, la cara B de la democracia.

Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Actualmente quienes están al frente de los destinos de los pueblos sólo son merecedores de la denominación de simples dirigentes políticos, sindicales y sociales. Así pues, se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como lo fueron inequívocamente los españoles Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad, y otros no menos notables en sus correspondientes ámbitos.  

Un segundo factor relevante, tuvo y sigue teniendo como epicentro los casos de corrupción casi generalizada, puesto que se extendió por todo el territorio español, de norte a sur y de este a oeste, haciendo tambalear los pilares básicos del propio sistema democrático y dejando afectadas y con limitado resuello las principales instituciones del Estado. Sin embargo, no se puede afirmar con rigor que España sea un país corrupto; no menos importante y trascendente, por su repercusión en la credibilidad de los ciudadanos y en sus garantías jurídicas, fue la politización de la Justicia y la judicialización de la política, hecho que pone en tela de juicio y cuestiona la separación de poderes, a la vez que propició y propicia la flaqueza del Estado de Derecho y el menoscabo de la fortaleza de la democracia de este país. En síntesis conclusiva, se puede dar por hecho o sentado que la libertad y la democracia están seriamente debilitadas.


Por lo demás, las organizaciones políticas emergentes contribuyeron a liquidar el bipartidismo imperante, presentándose en sociedad como los nuevos partidos anticasta y abanderados de de la regeneración política y democrática. Pero, sorprendentemente pronto terminaron integrándose en la que ellos denominaban de modo despectivo la casta, fueron y son corresponsables en buena medida de algunas confrontaciones y fracturas sociales producidas, así como de que la sociedad española está presa de miedos infundidos y dividida por los odios que han inoculado en ella los detractores del sistema social y político actual. 

Este analista de temas sociales y políticos, entiende como una obviedad que algunos partidos políticos y sus actuales dirigentes se han instalado en la mediocridad y la desidia en cuanto al compromiso de ejercer la política como un servicio a la sociedad, salvo contadas y honrosas excepciones. Un número indeterminado de electos y gobernantes no plantean sus actuaciones a favor del bien general del pueblo sino que más bien las orientan a la consecución del poder y la confortabilidad al precio que sea y por cualesquiera medios, siguiendo la estela doctrinal de Maquiavelo y al más puro estilo antidemocrático, porque sistemáticamente hacen propuestas en contra de quienes detentan el poder con legalidad y ostentan el gobierno con la legitimidad democrática de las urnas.

Lamentablemente, y con frecuencia, así se hace política en España, y en gran parte de Europa, lo que favoreció la radicalización de los nacionalismos, dando lugar en el caso español a la efervescente excitación del separatismo independentista catalán. Sobre la conflictiva situación en Cataluña debe precisarse que los catalanes no necesitan la secesión, en cambio, los corruptos sí. Por similares motivos, aparecieron en la escena política española y europea las organizaciones sociopolíticas de extrema izquierda y derecha, encarnando el nuevo populismo presente en la mayoría de los países de la parte occidental del planeta, de carácter rupturista.

No se olvide que su principal seña de identidad es el totalitarismo, encubierto o camuflado bajo el pseudodemocrático modo de hacer política mediante la demagógica estrategia del asamblearismo y el no menos falaz y astuto artificio de pretender hacer cómplices a los ciudadanos de sus aviesas actuaciones, dándoles una participación que no les concierne ni atañe, pero que, con frecuencia, estos dirigentes utilizan hábilmente como coartada para diluir y, hasta en ocasiones, eludir las responsabilidades que sólo a ellos competen y que, en su momento, les fueron encomendadas por la propia ciudadanía. En consecuencia, no valen los subterfugios y artimañas para justificar incumplimientos de promesas electorales y de las obligaciones inherentes al cargo.

Los nuevos tiempos vienen marcados, además, porque el poder no siempre se ejerce en función del bien común de la sociedad sino de espurios e inconfesables intereses de personas y grupos. Pero continuando con el análisis crítico valorativo de la acción política de partidos, dirigentes y gobernantes actuales, es fácilmente constatable que los desatinos e incoherencias no afectan de igual modo ni en el mismo grado a todos los partidos y a sus dirigentes, por lo que este comentarista desecha el clásico y trivial tópico de la generalización, así como la frívola idea de que todos son iguales o están cortados por el mismo patrón axiológico. En este artículo se da por sobrentendido que en general los posibles lectores están al corriente, a través de los distintos medios de comunicación que manejan, de los casos de desatinos o despropósitos cometidos por políticos de diverso pelaje ideológico y distinta adscripción política, así como también conocen sus múltiples y reiteradas incoherencias.

Ningún español ignora a estas alturas, el chasco que supusieron los llamados alcaldes del cambio y sus gobiernos, vinculados a Podemos y sus confluencias, como fueron y son los de Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza, Cádiz, A Coruña, Santiago de Compostela, Ferrol, y otros  ayuntamientos de menor entidad poblacional. Entre otras razones, porque no asumen en plenitud las funciones de regidores y representantes de todos los ciudadanos del municipio al margen de las creencias religiosas que tengan y de las ideologías políticas que profesen. Así pues, pueden considerarse como verdaderamente antológicas, por extemporáneas y trasnochadas, las actitudes sectarias y anticlericales de muchos de ellos. 

Y, finalmente, no son pocos los ciudadanos que reprochan a los gobernantes el estatismo, la pasividad y la indolencia frente a algunas complejas, delicadas y sensibles materias y situaciones en las que se encuentran muchos ciudadanos, a la vez que censuran sus claudicaciones políticas, las cobardías morales y las inhibiciones sociales. En todo caso, el reproche moral y la reprobación sociopolítica tienen como trasfondo la sensación de abandono que perciben los parados en España, los ocupados con empleos precarios, quienes están siendo víctimas de los desequilibrios y desigualdades socioeconómicas, sin olvidar el numeroso colectivo de discapacitados, enfermos crónicos, dependientes y personas mayores.

Todo lo apuntado anteriormente, en modo alguno significa, a criterio de este comentarista, que el actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, pueda y deba ser comparado con el resto de dirigentes políticos españoles, tales como Pedro Sánchez Pérez-Castejón, Alberto Carlos Rivera Díaz y Pablo Manuel Iglesias Turrión, por la experiencia política acumulada a lo largo de muchos años y de los cargos desempeñados en los diferentes ámbitos de la administración del Estado: Y asimismo, por su especial temple, sentido de la mesura y ponderación, cualidades y actitudes que deben caracterizar a un político que tenga visión de hombre de Estado y que, además, haya tenido y siga teniendo la capacidad de anteponer los intereses de España a los personales y del propio partido de preside.

Y ello, a pesar de los errores de distinto signo cometidos durante su mandato. Pero, en cualquier caso, Mariano Rajoy Brey está en la Moncloa porque viene ganando elección tras elección y los otros están en la oposición porque fueron y son los perdedores. Y en el epílogo de esta reflexión su autor quiere destacar que los planteamientos de todos contra el Partido Popular y contra Mariano Rajoy Brey es la antítesis de la verdadera política democrática o la antipolítica, de suerte que practicarla en términos de acoso y derribo, así como de vetos y cordones sanitarios al Partido mayoritario de este país, constituye un error de apreciación política de consecuencias más que previsibles para quienes la lleven a cabo. Los gobiernos en democracia se tumban en las urnas y no mediante alevosos complots e infames apaños en los despachos.

Por Antonio José Parafita Fraga,  escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuerte.blogspot.com 


martes, 24 de enero de 2017

EL TRUMPISMO HA INICIADO SU ANDADURA

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. 

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com

Entre la leyenda y la historia se sitúa aquella empecinada manifestación de Galileo Galilei e pur si muove- y sin embargo se mueve-, frase que, según la tradición y algunos historiadores versados en la materia, habría pronunciado Galileo después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición. Debe advertirse que la expresión y sin embargo se mueve no estuvo ni está exenta de controversia en cuanto a que fuese realmente pronunciada por el propio Galileo. Asimismo, conviene poner de relieve que desde su condición de astrónomo, matemático, físico y filósofo propició la revolución científica que tuvo lugar durante el Renacimiento, siendo considerado históricamente como uno de sus grandes exponentes y un personaje singular en el ámbito de la ciencia renacentista.

A pesar de ello, a este comentarista le parece oportuno traer a colación no sólo la citada frase sino también la egregia figura del hipotético autor de la misma, con la pretendida intencionalidad de establecer tan solo una cierta comparación entre la pertinaz actitud del citado científico y la de este sorprendente político norteamericano, ya que, no obstante los embates y fuertes campañas orquestadas para impedirlo, el trumpismo ha iniciado su andadura con la llegada a la Casa Blanca de Donald John Trump, por cierto un Presidente republicano tan desconcertante como rupturista y porfiado, capaz de alcanzar el poder contra todo pronóstico y los desfavorables vientos de muchos relevantes e influyentes medios de comunicación social norteamericanos y europeos. Es obligado destacar el hecho de que dicho objetivo lo consiguió enarbolando la bandera del populismo reinante en el escenario de la política internacional y también la de un acentuado nacionalismo de claro signo patriótico.

Y con respecto al tema, objeto de este artículo/comentario, el trumpismo, hay que reseñar con diafanidad que, desde el paroxismo progresista de la izquierda estadounidense, se pretendió evitar o al menos dificultar que Donald Trump tomase posesión como Presidente, utilizando las más diversas argucias políticas. Pero, en todo caso, esta cuestión no tuvo más recorrido mediático ni trascendencia social que la de ser una simple anécdota en la fulgurante carrera política de este personaje de temperamento recio y carácter enérgico, del que cabe afirmar sin ambages ni cortapisas que, como se está observado, a nadie deja indiferente.

Por lo demás, cabe registrar en su corta trayectoria política la coherencia entre lo anunciado en su discurso de toma de posesión como uno de sus objetivos prioritarios: luchar de manera implacable contra el terrorismo y la condena que hizo a través de su twitter, ya antes de ser Presidente, de los atentados perpetrados en Turquía, Suiza y Alemania por el terrorismo organizado. Además, lo ha hecho sin paliativos y con total firmeza. Salta a la vista que esa actitud pro-dujo un gran impacto en la comunidad internacional y supuso un considerable aldabonazo en el inicio de la proeza política de este enigmático y fascinante nuevo inquilino de la Casa Blanca.

A nadie se le escapa, a estas alturas, que el trumpismo, con Donald Trump a la cabeza, representa una verdadera rebelión sociopolítica, el comienzo de una nueva era política y la conformación de un nuevo orden mundial, al menos, diferente al anterior. Las aparentes insolencias verbales de Donald Trump, no son sino una de las características distintivas de su perfil humano y político, así como un rasgo de su vigorosa personalidad. De todos modos, el autor de este artículo entiende que la comunidad internacional está muy expectante y confiada en que, con la llegada al poder de Donald Trump, se puedan reorientar al bienestar común de los ciudadanos y de los pueblos una serie de fenómenos sociales de escasa o nula consistencia, equívocos y vagos, como el del multiculturalismo y el de la globalización. Con todo, constituiría una auténtica torpeza pensar que Trump se vaya a dejar manipular fácilmente, habida cuenta, por otra parte, de que ni es tonto ni está loco, según afirman quienes le han tratado de cerca.

Puede decirse que el recientemente despedido 2016, fue el año en que Donald Trump venció al establishment y en el que grandes sectores sociales per-seguidos por razón de sus creencias y motivos ideológico/políticos encontraron en este controvertido personaje político un esperanzador alivio, dadas las claras muestras de coraje y valentía, puestas de manifiesto al vencer la cobardía política y hacer frente a la insidiosa y persistente cristianofobia, verdadero azote para una gran parte de la comunidad cristiano/católica en distintos pun-tos del mundo occidental y también en el oriental. Por tal motivo, es de esperar que Donald Trump continúe sin desmayar la lucha contra los ataques sistemáticos al cristianismo y/o a cualquier otro grupo étnico que vea vulnerados sus derechos fundamentales.

La implicación y el compromiso del trumpismo de Donald Trump con la defensa de los derechos humanos en general y de los cristiano/católicos en particular, por el hostigamiento, la persecución, el ultrajante escarnio y las torturas que vienen padeciendo en diferentes zonas de la geografía mundial, constituye una encomiable actitud y una apreciada carta de presentación de este gran valedor del catolicismo perseguido y masacrado en muchos puntos del planeta con indescriptible crueldad. De suerte que para muchos seres humanos y, por supuesto, para estos creyentes maltratados el Presidente de los EEUU es ese líder fuerte, indiscutible y perseverante que tanto necesitan porque les inspira confianza y cuyo discurso tiene bastante analogía con el del Papa Francisco.

No cabe duda de que el trumpismo va a catapultar ese nuevo orden internacional del que tanto se habla- ya lo está haciendo-. Sin embargo, es necesario proponerse erradicar los populismos, sean de izquierdas o de derechas, de la esfera política europea y mundial. Es innegable que el trumpismo puesto en marcha, convulsiona y revoluciona las actuales estructuras políticas, sociales y económicas del sistema establecido, agita las conciencias y actúa de revulsivo de la opinión pública mundial. A mayor abundamiento y lamentablemente, hasta es probable que el trumpismo propicie y contribuya a que logren el poder en Francia, Alemania, Italia y Austria quienes son tildados de ser las alternativas ultraderechistas con trasfondo ideológico populista.  En última instancia, el trumpismo que irrumpió en EEUU con la victoria del republicano Donald Trump, vino a convulsionar y a sacudir el espíritu crítico de la opinión pública mundial, instalada en el rutinario devenir de los acontecimientos.

Como colofón de este apartado, el analista quiere advertir a sus lectores que está por ver lo que pueda dar de sí la gestión de Donald Trump, tanto desde el punto de vista económico como de la política exterior. No es de extrañar que, en breve, a los estadounidenses y al mundo entero, o lo que es lo mismo, a propios y extraños, les sorprenda la eficiente y determinante acción política de este Mandatario republicano de los EEUU, que puede resultar ser ese Presidente inesperado, desconcertante, luchador contumaz, fantasioso y rupturista que consiga el establecimiento en EEUU y el resto del mundo de un orden más justo y estable, tal y como se ha insinuado al comienzo de este Artículo sobre la nueva era política marcada por el trumpismo de Donald Trump. El tiempo lo dirá, así que tiempo al tiempo

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. 

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com

jueves, 12 de enero de 2017

RETORNO AL BIPARTIDISMO. TRUMP Y EL TRUMPISMO.


Al comienzo del nuevo año 2017, marcado por un relativismo de carácter subjetivista, la arbitrariedad y por el contexto de una realidad multicausal y poliédrica, viene a cuento el metafórico y retórico poema de Ramón de Campoamor: En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Así es por lo que el autor de este análisis/comentario de situación pretende presentar y ofrecer al lector algunos aspectos de la realidad circundante, uno de los cuales pudiera ser la vuelta al bipartidismo en España, después de la decepcionante frustración del proyecto multipartidista o lo que es mismo tras el fracaso de la ensoñación pluripartidista.

Tal aseveración se puso de manifiesto el día 21 de Diciembre de 2016 con el acuerdo al que han llegado PP y PSOE de dejar fuera del pacto de pobreza energética a la nueva política, concretamente a la representada por Podemos y sus marcas blancas en las distintas regiones o comunidades autónomas del Estado español. Los movimientos sociales y políticos surgidos del 15 Mayo de 2011, protagonizado por muchos ciudadanos descontentos e indignados, contribuyeron, sin lugar a dudas, al declive-casi derrumbe- del multisecular sistema político, social, económico y cultural español.

Por otra parte, el hundimiento de la socialdemocracia europea y española está siendo un hecho palpable, mientras, por el contrario, se produce el inquietante avance de los populismos de izquierdas y derechas, no sólo en prácticamente todos los países del continente europeo sino que esta corriente de pensamiento y opinión se ha mundializado. Esto es lo que ponen de manifiesto tanto los alambicados datos estadísticos como los sofisticados estudios sobre la realidad sociopolítica internacional.

El fracaso de la ensoñación del pluripartidismo y el malogro de las expectativas, creadas en torno a los planteamientos redentores de los partidos emergentes, resultan cada vez más patentes a la vista de los hechos, y, por ello, se evidencia en el escenario político el retorno a un bipartidismo de nuevo cuño, acomodado, eso sí, a la necesidad del diálogo permanente y la negociación flexible para alcanzar grandes acuerdos y pactos de Estado, debido a la dificultad que existe de conformar mayorías absolutas electorales. El contexto político actual plantea la exigencia de mayorías parlamentarias para poder legislar y gobernar con eficacia este país.

En línea con lo anterior, se resalta que las nuevas políticas propician y, aún más, determinan el retorno al bipartidismo en España y la conformación de un orden social, político, económico y cultural muy distinto del anterior. Es evidente, pues, que se está produciendo un cambio en los patrones conductuales de los ciudadanos a la hora de emitir su voto en los procesos electorales. Relevante es el hecho de que en este clima de reformas, innovaciones, cambios y evoluciones en los paradigmas, escala de valores, referencias y rangos, España crece más que la media europea y genera riqueza. Y esto, pese a que la actividad política y administrativa durante casi todo el pasado año 2016 estuvo condicionada por las constantes incertidumbres y sobresaltos de índole social, política y económica.

Con tal motivo, los dirigentes sindicales de UGT y CCOO dicen, al final de la frustrante movilización llevada a cabo el día 18 de Diciembre de 2016, que la riqueza debe compartirse. Incoherente actitud pues la de estas dos organizaciones sindicales de clase, que, ancladas en el pasado y sin haber hecho su particular transición a democracia participativa, están muy lejos de practicar una política sindical solidaria y de repartición efectiva. Además, los avispados lectores saben que la representatividad de estos dos sindicatos es más bien escasa, por lo que sólo su desmesurada ambición de dinero y poder de influencia ha generado en las mencionadas formaciones una actitud de prepotente arrogancia y presuntuosa exclusión en relación a otras formaciones sindicales españolas.

Ahora bien, mientras en España y Europa la política y los partidos políticos que la encarnan y representan, están experimentando importantes cambios, en la escena pública mundial se va perfilando poco a poco y proyectando de manera intensa el fenómeno del trumpismo, especie de nuevo movimiento actitudinal en la particular forma de hacer política de Donald Trump, Presidente electo de los EEUU, a quien se le atribuye la paternidad de la citada corriente.

Hay que aclarar que, en modo alguno, constituiría una vulgar frivolidad resaltar que, desde el paroxismo progresista de la izquierda estadounidense, se pretendió, utilizando las más diversas argucias, evitar o al menos dificultar que Donald Trump tomase posesión como Presidente. Pero, en todo caso, esta cuestión no tuvo más recorrido mediático ni trascendencia social que la de ser una simple anécdota en la fulgurante carrera política de este personaje de temperamento recio y carácter enérgico, del que cabe afirmar sin ambages ni cortapisas que a nadie deja indiferente. 

Lo significativo y digno de ser reseñado en la biografía política de este ya histórico político, fue el hecho constatado de que el mismo día que consiguió los 270 votos en el Colegio Electoral, confirmándolo como Presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump recurrió a su cuenta de twitter para condenar sin paliativos y con firmeza los atentados perpetrados por aquellas fechas en Turquía, Suiza y Alemania por el terrorismo organizado. Esa actitud produjo un gran impacto en la comunidad internacional y supuso un buen aldabonazo en el inicio de la proeza política de este enigmático y fascinante aspirante a la Casa Blanca.  

Y este gesto, constituyó, a juicio del autor, no sólo un esperanzador acicate sino también un estimulante punto de apoyo para aplacar y contener el avance del terrorismo en el mundo occidental, habida cuenta, por otra parte, de que su presunta buena relación con el Presidente ruso, Vladímir Putin, puede contribuir a que tanto su imagen pública de estadista como la figura política de líder mundial queden encumbradas y fortalecidas con respecto a poder plantar cara y hacer frente a los enemigos del orden, la paz, la tolerancia y la libertad.

A propósito de la empatía entre Putin y Trump, este último, en contestación a las críticas de Barack Obama, dice: sólo un tonto pensaría que es malo tener buena relación con Rusia. Las obvias diferencias ideológicas existentes entre ambos poderosos mandatarios y la lógica contraposición de sus posicionamientos políticos, no tienen por qué ser óbice para unir fuerza y esfuerzos en la lucha contra el terrorismo, en opinión de este analista de temas sociales y políticos.

En relación a los reiterados ataques terroristas, el Presidente electo estadounidense deja bien claro y sentado ante la opinión pública internacional, que el mundo civilizado y libre tiene que cambiar necesariamente de categorías mentales y formas de pensar, al tiempo que debe diseñar nuevas estrategias orientadas a proteger los derechos fundamentales de aquellos ciudadanos que viven oprimidos y vejados, entre ellos, y con prioridad absoluta, han de ser protegidos y defendidos los de la libertad y la vida.

A nadie se le escapa, a estas alturas, que el trumpismo, con Donald Trump a la cabeza, representa una verdadera rebelión sociopolítica contra el globalismo, la demagogia populista, los radicalismos de palpable signo totalitario e incluso contra el multiculturalismo. El autor de este comentario sociopolítico omite, de propio intento, realizar cualquier juicio de valor sobre el modo tan personal de hacer política del que, en breve, será el Presidente del país más poderoso de la tierra y de igual modo no entra a hacer un análisis pormenorizado de sus atrabiliarias maneras de expresar y exponer sus puntos de vista, referidos a temas de diversa índole y naturaleza. Las aparentes insolencias verbales de Donald Trump, no son sino una de las características distintivas de su perfil humano y político.

En todo caso, el autor de este artículo entiende que la comunidad internacional está muy expectante y confiada en que, con la llegada al poder de Donald Trump, se puedan reorientar al bienestar común de los ciudadanos y de los pueblos una serie de procesos ambiguos y fenómenos sociales inconsistentes, equívocos y vagos, como el del multiculturalismo y el de la globalización. En fechas recientes, diversos medios de comunicación publicaron algunos comentarios en los que se da por hecho que, con la llegada al poder de Donald Trump, tanto el multiculturalismo como la globalización quedaron o quedarán en entredicho.

Es obligado subrayar por deferencia al lector, que la Alt-right despertó y espoleó a Occidente. Por otra parte, debe tenerse en cuenta y tomarse en consideración que la victoria del republicano Trump sobre la demócrata Hillary Clinton y el controvertido grupo de choque ultraderechista que defendió y sigue defendiendo a Donald Trump, conocido como la Alt-right, son dos de los acontecimientos que pueden situarse en el amanecer del nuevo año 2017 y en la portada de su incipiente trayectoria política, que tendrán una importante y decisiva repercusión en la vida social, política y económica de los ciudadanos del mundo, especialmente en la de los norteamericanos. En última instancia, puede concluirse que los problemas a los que tiene que enfrentarse la UE y los EEUU en 2017, son o serán, entre otros, el Brexit, la inmigración, el terrorismo, el hackeo informático, el desempleo, la desigualdad social y la ya mencionada Alt-right.

Puede decirse que el recientemente despedido 2016, fue el año en que Donald Trump venció al establishment y en el que grandes sectores sociales perseguidos por razón de sus creencias y motivos ideológico/políticos encontraron en este controvertido político un esperanzador alivio, dadas las claras muestras de coraje y valentía demostradas al vencer la cobardía política y hacer frente a la insidiosa y persistente cristianofobia, que está siendo un auténtico azote para una gran parte de la comunidad cristiano/católica en distintos puntos del mundo occidental y también en el oriental.

Sobre este particular y espinoso asunto de la violación de derechos fundamentales, como el de la libertad religiosa y de culto, es de significar que el Presidente electo de los EEUU planta cara a los que llaman o invitan a decir Happy Holidays- felices vacaciones, en lugar de felices navidades o felices fiestas de Navidad- para no ofender los sentimientos ni herir la sensibilidad de quienes odian la Navidad por su indudable carácter religioso. Produce hondo pesar en las conciencias de las personas de bien y de los ciudadanos del mundo libre y civilizado la constatación de que, según el Papa, hay más mártires cristianos hoy que en los primeros siglos de la era cristiana. Cerca de 215 millones de cristianos sufren persecución. La ONG Puertas Abiertas destaca, en su último índice, un crecimiento de estas situaciones en la India y países del sureste asiático.

La implicación y el compromiso del trumpismo de Donald Trump con la defensa de los derechos de los cristiano/católicos y en contra del hostigamiento, la persecución, el ultrajante escarnio y las torturas que vienen padeciendo en diferentes zonas de la geografía mundial, constituye una encomiable actitud y una apreciada carta de presentación de este gran valedor del catolicismo perseguido en muchos puntos del planeta con indescriptible crueldad. De suerte que para estos creyentes en general y para los maltratados en particular el Presidente electo de los EEUU es ese líder fuerte e indiscutible que tanto necesitan porque les inspira confianza y cuyo discurso tiene bastante parangón con el del Papa Francisco.

No son pocos los que piensan y defienden que Donald Trump es o puede ser el mirlo blanco de la política internacional y la gran esperanza de la comunidad cristiano católica universal. Por otra parte, es de resaltar el profundo sentido patriótico del padre del trumpismo. Resulta un asunto muy enojoso oír cuestionar de forma prematura la valía de su personalidad política y capacidad de gestión, sobre todo, cuando se hace con poco rigor y sin argumentos sólidos. Al respecto, es necesario indicar que, quienes así se comportan, carecen de legitimidad para realizar esa crítica apriorística acerada y negativa, dado que no tienen visión o perspectiva de futuro y, por ello, son incapaces de sopesar que aún no empezó a ejercer realmente el poder otorgado por los electores. Además, no es creíble que los norteamericanos hayan elegido a un vulgar y fatuo ciudadano para Presidente.

En este orden de cosas, deben tomarse también en consideración las palabras del Subsecretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, Antoine Camilleri, por medio de las cuales ha expresado su preocupación por la creciente marginación de la religión, en concreto del cristianismo, en naciones que, sin embargo, ponen especial énfasis en la tolerancia. Asimismo, este alto cargo de la Iglesia católica, en una reunión de la OSCE- Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa-, celebrada en Viena el 14 de Diciembre del pasado año, denunció el temor que existe en Occidente a que el cristianismo pueda desempeñar su legítimo papel en el espacio público, lo que equivaldría a una percepción reduccionista de la libertad religiosa, circunscribiéndola sólo a la libertad de culto.

Por otra parte, el referido alto cargo eclesiástico pone de manifiesto que, debido a la corrección política, la fe y moral cristianas se eliminan de las intervenciones públicas por hostiles y ofensivas. Algunos dirigentes políticos abogan por poner sordina a la voz de la religión y por relegarla al ámbito de lo privado. El ejemplo más concreto y cercano en el tiempo es el de quienes se inclinan por evitar la celebración de la Navidad bajo la excusa o el pretexto de que puede molestar a las personas de otras creencias religiosas o a las no creyentes.

La cuestión es que se llegó a una situación en la que hablar y actuar públicamente como un cristiano en la vida profesional nunca fue tan arriesgado como de un tiempo a esta parte. Sorprende sobremanera que, en Occidente, determinados representantes públicos usen la corrección política para perseguir y hostigar a los cristianos, escondiendo vergonzosamente su cobardía moral.

No cabe duda de que el trumpismo va a catapultar un nuevo orden internacional- ya lo está haciendo-. Sin embargo, es necesario proponerse erradicar los populismos, sean de izquierdas o de derechas, de la esfera política europea y mundial. Es innegable que el trumpismo referenciado convulsiona y revoluciona el actual orden internacional, al tiempo que propugna y defiende otro nuevo y diferente.

Asimismo, agita las conciencias y revuelve la opinión pública mundial. A mayor abundamiento, hasta es probable que el trumpismo contribuya a que logren el poder en Francia, Alemania, Italia y Austria quienes son tildados de ultraderechistas con trasfondo ideológico populista. En última instancia, el trumpismo que irrumpió en EEUU con la victoria del republicano Donald Trump, vino a convulsionar y a sacudir el espíritu crítico de la opinión pública mundial.

Y como colofón de este apartado, el analista quiere advertir a sus lectores que está por ver lo que pueda dar de sí la gestión de Donald Trump, tanto desde el punto de vista económico como de la política exterior. No es de extrañar que, en breve, a los estadounidenses y al mundo entero, o lo que es lo mismo, a propios y ajenos o extraños, les sorprenda la eficiente y determinante acción política de este Presidente republicano de los EEUU. Tiempo al tiempo.


Cierto es que la democracia española ha sufrido un considerable grado de deterioro y degradación, similar al del resto de las actualmente existentes en el ámbito social y político occidental, bien sean de tradición e influencia anglosajona, germana, escandinava o latina. Por ello, a nadie se le escapa que es urgente y necesario reforzarla en sus pilares y estructuras básicas.


Determinadas irregularidades y conductas reprobables, no sólo desde el punto de vista moral y político sino también penal, llevadas a cabo por dirigentes y representantes de los algunas organizaciones públicas, y que a buen seguro están en la mente del lector como censurables, demuestran de manera fehaciente que el titular del presente artículo responde con bastante precisión a la realidad situacional del sistema democrático de este país, España.

Aparte de lo apuntado, se aporta el testimonio y punto de vista, sin duda poco autorizado, de un personaje de la vida pública europea, como el del diputado alemán, Bernhard von Grünberg, que tiene la osadía de denunciar ante la propia canciller Angela Merkel y el Bundestag la judicialización del proceso independentista catalán, afirmando este socialdemócrata germano que el Gobierno español es cada vez más antidemocrático y que menoscaba de forma sistemática la propia democracia en el caso del secesionismo catalán, al rechazar cualquier diálogo, aduciendo este personajillo los casos de Carme Forcadell y Santiago Vidal para formular semejante estolidez y majadería jurídico/política.

Disparatada apreciación la de este mediocre político alemán, que, de ninguna manera, puede compartir ni asumir el autor del presente análisis/comentario, entre otras razones, porque sus afirmaciones son tendenciosas y falsas. Pero, el colmo de las estúpidas desfachateces, desatinos y despropósitos del aludido diputado es que cuestiona la democracia española en el sentido europeo del término. Y llega también a poner en solfa la independencia del Tribunal Constitucional de España. ¡Y vaya delirantes e intolerables declaraciones las de este irresponsable tipejo, que suponen una manifiesta injerencia en temas internos de la Nación española!.

Sin embargo, es aconsejable quedarse con la parte positiva de tales sandeces y necedades, que consiste en recordar que no hay régimen democrático alguno que sea perfecto, incluido el alemán, y, en consecuencia, que no sea susceptible de ser perfeccionado, cuando se degrada o/y desfasa, sea por los comportamientos inadecuados de algunos ciudadanos o por el mero paso del tiempo.


Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.


Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com

domingo, 8 de enero de 2017

FRACASO DE LA ENSOÑACIÓN PLURIPARTIDISTA. RETORNO AL BIPARTIDISMO. DONALD TRUMP Y EL TRUMPISMO

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com

Al comienzo del nuevo año 2017, marcado por un relativismo de carácter subjetivista, la arbitrariedad y por el contexto de una realidad multicausal y poliédrica, viene a cuento el metafórico y retórico poema de Ramón de Campoamor: En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Así es por lo que el autor de este análisis/comentario de situación pretende presentar y ofrecer al lector algunos aspectos de la realidad circundante, uno de los cuales pudiera ser la vuelta al bipartidismo en España, después de la decepcionante frustración del proyecto multipartidista o lo que es mismo tras el fracaso de la ensoñación pluripartidista.
Tal aseveración se puso de manifiesto el día 21 de Diciembre de 2016 con el acuerdo al que han llegado PP y PSOE de dejar fuera del pacto de pobreza energética a la nueva política, concretamente a la representada por Podemos y sus marcas blancas en las distintas regiones o comunidades autónomas del Estado español. Los movimientos sociales y políticos surgidos del 15 Mayo de 2011, protagonizado por muchos ciudadanos descontentos e indignados, contribuyeron, sin lugar a dudas, al declive-casi derrumbe- del multisecular sistema político, social, económico y cultural español.  
Por otra parte, el hundimiento de la socialdemocracia europea y española está siendo un hecho palpable, mientras, por el contrario, se produce el inquietante avance de los populismos de izquierdas y derechas, no sólo en prácticamente todos los países del continente europeo sino que esta corriente de pensamiento y opinión se ha mundializado. Esto es lo que ponen de manifiesto tanto los alambicados datos estadísticos como los sofisticados estudios sobre la realidad sociopolítica internacional.  
El fracaso de la ensoñación del pluripartidismo y el malogro de las expectativas, creadas en torno a los planteamientos redentores de los partidos emergentes, resultan cada vez más patentes a la vista de los hechos, y, por ello, se evidencia en el escenario político el retorno a un bipartidismo de nuevo cuño, acomodado, eso sí, a la necesidad del diálogo permanente y la negociación flexible para alcanzar grandes acuerdos y pactos de Estado, debido a la dificultad que existe de conformar mayorías absolutas electorales. El contexto político actual plantea la exigencia de mayorías parlamentarias para poder legislar y gobernar con eficacia este país.  
En línea con lo anterior, se resalta que las nuevas políticas propician y, aún más, determinan el retorno al bipartidismo en España y la conformación de un orden social, político, económico y cultural muy distinto del anterior. Es evidente, pues, que se está produciendo un cambio en los patrones conductuales de los ciudadanos a la hora de emitir su voto en los procesos electorales. Relevante es el hecho de que en este clima de reformas, innovaciones, cambios y evoluciones en los paradigmas, escala de valores, referencias y rangos, España crece más que la media europea y genera riqueza. Y esto, pese a que la actividad política y administrativa durante casi todo el pasado año 2016 estuvo condicionada por las constantes incertidumbres y sobresaltos de índole social, política y económica.   

Con tal motivo, los dirigentes sindicales de UGT y CCOO dicen, al final de la frustrante movilización llevada a cabo el día 18 de Diciembre de 2016, que la riqueza debe compartirse. Incoherente actitud pues la de estas dos organizaciones sindicales de clase, que, ancladas en el pasado y sin haber hecho su particular transición a democracia participativa, están muy lejos de practicar una política sindical solidaria y de repartición efectiva. Además, los avispados lectores saben que la representatividad de estos dos sindicatos es más bien escasa, por lo que sólo su desmesurada ambición de dinero y poder de influencia ha generado en las mencionadas formaciones una actitud de prepotente arrogancia y presuntuosa exclusión en relación a otras formaciones sindicales españolas. 

Ahora bien, mientras en España y Europa la política y los partidos políticos que la encarnan y representan, están experimentando importantes cambios, en la escena pública mundial se va perfilando poco a poco y proyectando de manera intensa el fenómeno del trumpismo, especie de nuevo movimiento actitudinal en la particular forma de hacer política de Donald Trump, Presidente electo de los EEUU, a quien se le atribuye la paternidad de la citada corriente. 

Hay que aclarar que, en modo alguno, constituiría una vulgar frivolidad resaltar que, desde el paroxismo progresista de la izquierda estadounidense, se pretendió, utilizando las más diversas argucias, evitar o al menos dificultar que Donald Trump tomase posesión como Presidente. Pero, en todo caso, esta cuestión no tuvo más recorrido mediático ni trascendencia social que la de ser una simple anécdota en la fulgurante carrera política de este personaje de temperamento recio y carácter enérgico, del que cabe afirmar sin ambages ni cortapisas que a nadie deja indiferente.   

Lo significativo y digno de ser reseñado en la biografía política de este ya histórico político, fue el hecho constatado de que el mismo día que consiguió los 270 votos en el Colegio Electoral, confirmándolo como Presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump recurrió a su cuenta de twitter para condenar sin paliativos y con firmeza los atentados perpetrados por aquellas fechas en Turquía, Suiza y Alemania por el terrorismo organizado. Esa actitud produjo un gran impacto en la comunidad internacional y supuso un buen aldabonazo en el inicio de la proeza política de este enigmático y fascinante aspirante a la Casa Blanca.    

Y este gesto, constituyó, a juicio del autor, no sólo un esperanzador acicate sino también un estimulante punto de apoyo para aplacar y contener el avance del terrorismo en el mundo occidental, habida cuenta, por otra parte, de que su presunta buena relación con el Presidente ruso, Vladímir Putin, puede contribuir a que tanto su imagen pública de estadista como la figura política de líder mundial queden encumbradas y fortalecidas con respecto a poder plantar cara y hacer frente a los enemigos del orden, la paz, la tolerancia y la libertad.

A propósito de la empatía entre Putin y Trump, este último, en contestación a las críticas de Barack Obama, dice: lo un tonto pensaría que es malo tener buena relación con Rusia. Las obvias diferencias ideológicas existentes entre ambos poderosos mandatarios y la lógica contraposición de sus posicionamientos políticos, no tienen por qué ser óbice para unir fuerza y esfuerzos en la lucha contra el terrorismo, en opinión de este analista de temas sociales y políticos.  

En relación a los reiterados ataques terroristas, el Presidente electo estadounidense deja bien claro y sentado ante la opinión pública internacional, que el mundo civilizado y libre tiene que cambiar necesariamente de categorías mentales y formas de pensar, al  tiempo que debe diseñar nuevas estrategias orientadas a proteger los derechos fundamentales de aquellos ciudadanos que viven oprimidos y vejados, entre ellos, y con prioridad absoluta, han de  ser protegidos y defendidos los de la libertad y la vida.  

A nadie se le escapa, a estas alturas, que el trumpismo, con Donald  Trump a la cabeza, representa una verdadera rebelión sociopolítica contra el globalismo, la demagogia populista, los radicalismos de palpable signo totalitario e incluso contra el multiculturalismo. El autor de este comentario sociopolítico omite, de propio intento, realizar cualquier juicio de valor sobre el modo tan personal de hacer política del que, en breve, será el Presidente del país más poderoso de la tierra y de igual modo no entra a hacer un análisis pormenorizado de sus atrabiliarias maneras de expresar y exponer sus puntos de vista, referidos a temas de diversa índole y naturaleza. Las aparentes insolencias verbales de Donald Trump, no son sino una de las características distintivas de su perfil humano y político. 

En todo caso, el autor de este artículo entiende que la comunidad  internacional está muy expectante y confiada en que, con la llegada al poder de Donald Trump, se puedan reorientar al bienestar común de los ciudadanos y de los pueblos una serie de procesos ambiguos y fenómenos sociales inconsistentes, equívocos y vagos, como el del multiculturalismo y el de la globalización. En fechas recientes, diversos medios de comunicación publicaron algunos comentarios en los que se da por hecho que, con la llegada al poder de Donald Trump, tanto el multiculturalismo como la globalización quedaron o quedarán en entredicho. 

Es obligado subrayar por deferencia al lector, que la Alt-right despertó y espoleó a Occidente. Por otra parte, debe tenerse en cuenta y tomarse en consideración que la victoria del republicano Trump sobre la demócrata Hillary Clinton y el controvertido grupo de choque ultraderechista que defendió y sigue defendiendo a Donald Trump, conocido como la Alt-right, son dos de los acontecimientos que pueden situarse en el amanecer del nuevo año 2017 y en la portada de su incipiente trayectoria política, que tendrán una importante y decisiva repercusión en la vida social, política y económica de los ciudadanos del mundo, especialmente en la de los norteamericanos. En última instancia, puede concluirse que los problemas a los que tiene que enfrentarse la UE y los EEUU en 2017, son o serán, entre otros, el Brexit, la inmigración, el terrorismo, el hackeo informático, el desempleo, la desigualdad social y la ya mencionada Alt-right.

Por otra parte, el referido alto cargo eclesiástico pone de manifiesto que, debido a la corrección política, la fe y moral cristianas se eliminan de las intervenciones públicas por hostiles y ofensivas. Algunos dirigentes políticos abogan por poner sordina a la voz de la religión y por relegarla al ámbito de lo privado. El ejemplo más concreto y cercano en el tiempo es el de quienes se inclinan por evitar la celebración de la Navidad bajo la excusa o el pretexto de que puede molestar a las personas de otras creencias religiosas o a las no creyentes. 

La cuestión es que se llegó a una situación en la que hablar y actuar públicamente como un cristiano en la vida profesional nunca fue tan arriesgado como de un tiempo a esta parte. Sorprende sobremanera que, en Occidente, determinados representantes públicos usen la corrección política para perseguir y hostigar a los cristianos, escondiendo vergonzosamente su cobardía moral.

Puede decirse que el recientemente despedido 2016, fue el año en que Donald Trump venció al establishment y en el que grandes sectores sociales perseguidos por razón de sus creencias y motivos ideológico/políticos encontraron en este controvertido político un esperanzador alivio, dadas las claras muestras de coraje y valentía demostradas al vencer la cobardía política y hacer frente a la insidiosa y persistente cristianofobia, que está siendo un auténtico azote para una gran parte de la comunidad cristiano/católica en distintos puntos del mundo occidental y también en el oriental.  


Sobre este particular y espinoso asunto de la violación de derechos fundamentales, como el de la libertad religiosa y de culto, es de significar que el Presidente electo de los EEUU planta cara a los que llaman o invitan a decir Happy Holidays- felices vacaciones, en lugar de felices navidades o felices fiestas de Navidad- para no  ofender los sentimientos ni herir la sensibilidad de quienes odian la Navidad por su indudable carácter religioso. Produce hondo pesar en las conciencias de las personas de bien y de los ciudadanos del mundo libre y civilizado la constatación de que, según el Papa, hay más mártires cristianos hoy que en los primeros siglos de la era cristiana. Cerca de 215 millones de cristianos sufren persecución. La ONG Puertas Abiertas destaca, en su último índice, un crecimiento de estas situaciones en la India y países del sureste asiático. 

La implicación y el compromiso del trumpismo de Donald Trump con la defensa de los derechos de los cristiano/católicos y en contra del hostigamiento, la persecución, el ultrajante escarnio y las torturas que vienen padeciendo en diferentes zonas de la geografía mundial, constituye una encomiable actitud y una apreciada carta de presentación de este gran valedor del catolicismo perseguido en muchos puntos del planeta con indescriptible crueldad. De suerte que para estos creyentes en general y para los maltratados en particular el Presidente electo de los EEUU es ese líder fuerte e indiscutible que tanto necesitan porque les inspira confianza y cuyo discurso tiene bastante parangón con el del Papa Francisco.

No son pocos los que piensan y defienden que Donald Trump es o puede ser el mirlo blanco de la política internacional y la gran esperanza de la comunidad cristiano católica universal. Por otra parte, es de resaltar el profundo sentido patriótico del padre del trumpismo. Resulta un asunto muy enojoso oír cuestionar de forma prematura la valía de su personalidad política y capacidad de gestión, sobre todo, cuando se hace con poco rigor y sin argumentos sólidos. Al respecto, es necesario indicar que, quienes así se comportan, carecen de legitimidad para realizar esa crítica apriorística acerada y negativa, dado que no tienen visión o perspectiva de futuro y, por ello, son incapaces de sopesar que aún no empezó a ejercer realmente el poder otorgado por los electores. Además, no es creíble que los norteamericanos hayan elegido a un vulgar y fatuo ciudadano para Presidente.  

En este orden de cosas, deben tomarse también en consideración  las palabras del Subsecretario para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados, Antoine Camilleri, por medio de las cuales ha expresado su preocupación por la creciente marginación de la religión, en concreto del cristianismo, en naciones que, sin embargo, ponen especial énfasis en la tolerancia. Asimismo, este alto cargo de la Iglesia católica, en una reunión de la OSCE- Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa-, celebrada en Viena el 14 de Diciembre del pasado año, denunció el temor que existe en Occidente a que el cristianismo pueda desempeñar su legítimo papel en el espacio público, lo que equivaldría a una percepción reduccionista de la libertad religiosa, circunscribiéndola sólo a la libertad de culto.

No cabe duda de que el trumpismo va a catapultar un nuevo orden internacional- ya lo está haciendo-. Sin embargo, es necesario proponerse erradicar los populismos, sean de izquierdas o de derechas, de la esfera política europea y mundial. Es innegable que el trumpismo referenciado convulsiona y revoluciona el actual orden internacional, al tiempo que propugna y defiende otro nuevo y diferente.

Asimismo, agita las conciencias y revuelve la opinión pública mundial. A mayor abundamiento, hasta es probable que el trumpismo contribuya a que logren el poder en Francia, Alemania, Italia y Austria quienes son tildados de ultraderechistas con trasfondo ideológico populista. En última instancia, el trumpismo que irrumpió en EEUU con la victoria del republicano Donald Trump, vino a convulsionar y a sacudir el espíritu crítico de la opinión pública mundial. 
Y como colofón de este apartado, el analista quiere advertir a sus lectores que está por ver lo que pueda dar de sí la gestión de Donald Trump, tanto desde el punto de vista económico como de la política exterior. No es de extrañar que, en breve, a los estadounidenses y al mundo entero, o lo que es lo mismo, a propios y ajenos o extraños, les sorprenda la eficiente y determinante acción política de este Presidente republicano de los EEUU. Tiempo al tiempo. 

Cierto es que la democracia española ha sufrido un considerable grado de deterioro y degradación, similar al del resto de las actualmente existentes en el ámbito social y político occidental, bien sean de tradición e influencia anglosajona, germana, escandinava o latina. Por ello, a nadie se le escapa que es urgente y necesario reforzarla en sus pilares y estructuras básicas.

Determinadas irregularidades y conductas reprobables, no sólo desde el punto de vista moral y político sino también penal, llevadas a cabo por dirigentes y representantes de los algunas organizaciones públicas, y que a buen seguro están en la mente del lector como censurables, demuestran de manera fehaciente que el titular del presente artículo responde con bastante precisión a la realidad situacional del sistema democrático de este país, España.

Aparte de lo apuntado, se aporta el testimonio y punto de vista, sin duda poco autorizado, de un personaje de la vida pública europea, como el del diputado alemán, Bernhard von Grünberg, que tiene la osadía de denunciar ante la propia canciller Angela Merkel y el Bundestag la judicialización del proceso independentista catalán, afirmando este socialdemócrata germano que el Gobierno español es cada vez más antidemocrático y que menoscaba de forma sistemática la propia democracia en el caso del secesionismo catalán, al rechazar cualquier diálogo, aduciendo este personajillo los casos de Carme Forcadell y Santiago Vidal para formular semejante estolidez y majadería jurídico/política. 
Disparatada apreciación la de este mediocre político alemán, que, de ninguna manera, puede compartir ni asumir el autor del presente análisis/comentario, entre otras razones, porque sus afirmaciones son tendenciosas y falsas. Pero, el colmo de las estúpidas desfachateces, desatinos y despropósitos del aludido diputado es que cuestiona la democracia española en el sentido europeo del término. Y llega también a poner en solfa la independencia del Tribunal Constitucional de España. ¡Y vaya delirantes e intolerables declaraciones las de este irresponsable tipejo, que suponen una manifiesta injerencia en temas internos de la Nación española!
Sin embargo, es aconsejable quedarse con la parte positiva de tales sandeces y necedades, que consiste en recordar que no hay régimen democrático alguno que sea perfecto, incluido el alemán, y, en consecuencia, que no sea susceptible de ser perfeccionado, cuando se degrada o/y desfasa, sea por los comportamientos inadecuados de algunos ciudadanos o por el mero paso del tiempo.


Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com

jueves, 18 de agosto de 2016

MÍSERA E IRRISORIA POLÍTICA PACTISTA.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com



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Es un hecho incontestable que en el ámbito de la política española existen dirigentes poco patrióticos, mediocres, cerriles, mezquinos e irresponsables. Y, a mayor abundamiento del aserto anterior, y tal vez como consecuencia, no debe olvidarse la relevante  prevalencia de la incultura política del pacto y de la patología democrática del “no” a los intereses generales del pueblo español. De tal modo esto es  así que la negativa del responsable de cualquier partido político a facilitar, al candidato ganador y oficialmente propuesto, la formación de un ejecutivo con la suficiente fuerza parlamentaria y poder político para  avalar y garantizar la gobernabilidad de España es un “no” antidemocrático a la estabilidad política, social y económica, así como al progreso de toda la sociedad  española. Es un “no” antipatriótico al propio Estado. A pesar de todo, hay que afirmar sin ambages y admitir que la mayoría de los políticos electos ostenta un aceptable grado de preparación académica, principios democráticos y valores morales. Dicho sea a modo de matización del titular del presente artículo y a los efectos de no incurrir en odiosas generalizaciones.
 
Así pues, el autor del mismo, en modo alguno pretende hacer extensivos dichos calificativos a todos los dirigentes de la clase política española, sino más bien a aquellos que recibieron de sus partidos políticos y de los electores el encargo democrático de poner en marcha el proceso de investidura de un candidato electo y propuesto por el Rey. Apuntado lo cual, este comentarista continúa con su particular reflexión, aseverando que, no obstante la anterior salvedad, saltan a la vista las pretensiones de algunos dirigentes de Podemos y Ciudadanos de absorber al PSOE, en el primer caso, y al PP, en el segundo. Es cierto que estamos ante dos formaciones políticas emergentes y nuevas, cuyo objetivo primigenio fue el de regenerar la vida política española, contaminada por prácticas corruptas llevadas a cabo dentro o en el entorno de los viejos partidos políticos, aunque ahora también en el de los nuevos.

En principio, los dirigentes de la nueva política no planteaban ocupar de manera excluyente y exclusiva los espacios políticos de centro izquierda y centro derecha, pero los hechos han venido a demostrar y confirmar que lo realmente emergente y novedoso con respecto a los dos mesiánicos personajes, Pablo Iglesias y Albert Rivera, fue que ambos se han convertido al ideario de la denigrada vieja casta política y que, en un corto espacio de tiempo, sus actitudes y comportamientos pusieron de manifiesto que la desmesurada ambición política de estos dirigentes de la nueva ola no se diferenciaba en demasía de la de los anteriores o antigua. De suerte que, políticamente hablando, se les puede aplicar el clásico aforismo: “nihil novum sub sole”, a saber, “nada nuevo bajo el sol”, y/o las proverbiales máximas populares: “mucho ruido y pocas nueces” o también la de: “son los mismos perros con distintos collares”.

Concluida con más pena que gloria la legislatura más breve de la etapa democrática española, este comentarista ofrece a los lectores una reflexión sobre determinados aspectos de aquel fallido intento  de los actuales dirigentes políticos españoles, en cuanto a dar forma democrática al voto que los electores habían depositado en las urnas el 20-D del pasado año 2015. A juicio del autor, los pseudolíderes políticos españoles actuaron, y algunos sobreactuaron, con más torpeza e ineptitud dialogante y negociadora que inteligencia política para buscar y formalizar unos pactos de investidura y gobernabilidad basados en la coherencia, el sentido común, la racionalidad y los intereses generales de la sociedad española. 

No fue así, porque a lo largo de los meses siguientes al 20-D los dirigentes políticos electos y sus partidos se preocuparon más de negociar y defender los intereses partidistas y las posiciones personales que las necesidades perentorias del pueblo en su conjunto. De modo que puede afirmarse que su fracaso al respecto fue verdaderamente antológico, y su manifiesta incapacidad para constituir un gobierno que propiciase la continuidad de la reactivación económica, la creación de empleo y la regeneración de las instituciones del Estado, les dejó deslegitimados para abanderar los nuevos proyectos de progreso, desarrollo y fortalecimiento socioeconómico e institucional que necesita este país. 

Los desafueros cometidos por los políticos emergidos de demagógicas falacias y cautivadoras utopías, resaltan su condición de dirigentes de nuevo cuño egocéntricos, soberbios, sectarios, altaneros y autoritarios, con clara tendencia totalitaria, y también concuerdan, algunos, no todos, en que subvirtieron, y siguen subvirtiendo en muchos aspectos,  la esencia de la propia democracia, anteponiendo, como ya se ha dicho, los intereses personales y de partido a los generales de España. Por ello, a la mayoría de los ciudadanos les quedó meridianamente claro que el bien particular primó a todas luces sobre el común del pueblo soberano que les votó. Así fue por lo que los electores tomaron buena nota el 26 de Junio del presente año 2016 de la falta de sentido de estado y patriotismo de estos dirigentes políticos, así como de su ineficiente capacidad para conformar un gobierno fuerte, estable y plenamente democrático, dejando de lado líneas rojas absurdas, exclusiones anacrónicas, cordones sanitarios y vetos antidemocráticos.

En los comicios del pasado 26 de Junio, los electores volvieron a las urnas a depositar su voto y a cumplir con el deber cívico/político de participación democrática, pero de nuevo los dirigentes políticos y sus partidos, que ya habían cosechado un histórico y estrepitoso fracaso por no haber sido capaces de cumplir el mandato electoral de canalizar el voto del electorado hacia la formación de un gobierno estable, fuerte y duradero, imprescindible en este mundo globalizado, en cuyo contexto sólo se puede competir defendiendo los principios de libertad y eficiencia económica. Y, por lo que se percibe, estos mismos dirigentes políticos, a día de hoy, siguen dando muestras de no haber entendido ni interpretado correctamente el principio básico de la democracia, que es el voto de los ciudadanos. De ahí que se les pueda tachar desde el punto de vista político, salvando las honrosas excepciones, que ciertamente las hay, de dirigentes mediocres, cerriles, mezquinos, torpes, irresponsables y con escaso sentido patriótico y de hombres de estado.

Pero la penosa realidad fue y es que entonces como ahora los dirigentes políticos de este país, no estuvieron a la altura de la nueva situación política pluripartidista, creada tras el 20-D de 2015 y el 26-J de 2016. Por eso, el comentarista reitera que éstos que no dieron ni están dando la talla ni como líderes estadistas ni tan siquiera como demócratas convencidos, toda vez que hicieron caso omiso de los resultados electorales, glosándolos a su modo y según los  intereses personales y las ventajas de los correspondientes partidos políticos, frustrando, de esta manera, expectativas y truncando ilusiones de una gran mayoría de ciudadanos españoles. Es de señalar que, para una parte considerable de personas, la actitud de estos dirigentes, especialmente la de los partidos emergentes, constituyó un decepcionante fiasco y una muestra de su inmadurez política. Asimismo, se evidenció la ausencia de líderes carismáticos y, como se acaba de apuntar, la inexistencia de unos estadistas con visión de futuro, capaces de entusiasmar e ilusionar a esta sociedad moralmente hundida, debido a la concatenación de causas multifactoriales.

El fenómeno sociológico de la desafección ciudadana de la clase política fue aumentando de manera progresiva, porque ni los dirigentes políticos electos ni sus organizaciones supieron buscar fórmulas orientadas a articular el necesario y anhelado plan de gobernabilidad en torno al PP y al PSOE, centro derecha y centro izquierda, con la finalidad de sacar adelante un país tan bloqueado y en situación de crucial emergencia como el español en la actual coyuntura política, económica y social. Es un hecho fácilmente constatable que la gente sueña con una democracia sin muros, vetos ni discriminaciones ideológicas, como también lo es que rechaza cualquier otro modelo que sea excluyente y no integrador e inclusivo. Por otra parte, los partidos que se presentaron en el escenario electoral como los adalides de una nueva política, encaminada a regenerar la vida pública española y como los impulsores del cambio hacia nuevas formas de expresión democrática y gestión política, resultaron ser un estrepitoso fracaso, porque sus modos de operar no difirieron ni difieren en absoluto de los de la vieja casta que ellos mismos han denostado con tan  vehemente testarudez. 

Suele decirse que los hechos son sagrados y las opiniones libres. Y también debe tenerse en cuenta que el poder y la ocasión hacen al hombre ladrón. Por lo demás, tampoco puede ignorarse la realidad de que el auge del populismo en España y en algunos otros países del entorno europeo, tiene su origen en la  inexistencia o debilidad de liderazgos políticos, habida cuenta de que así se pone en duda y solfa el futuro de un proyecto político español y europeo de progreso económico y bienestar social. En opinión de este analista, la pretendida creación de un Estado europeo se convierte, por mor de los particularismos e individualidades soberanistas de los países que la integran, en algo ilusorio y utópico. Bien entendido que no se trata sólo de que Europa, como institución, reniegue de sus raíces sino de que, con su errática política migratoria, llevada a cabo de espaldas a los ciudadanos, no sólo está sustituyendo la población nativa y/o autóctona, sino también destruyendo la identidad del Viejo Continente como realidad supranacional y demoliendo las peculiaridades nacionales de los Estados adheridos.

Como colofón a este comentario, y para que el lector pueda disponer de una serie de elementos de juicio que le permitan realizar su propia valoración sobre la compleja y delicada situación política, económica, cultural y social por la que atraviesa España en estos históricos momentos, se le ofrecen a continuación algunas muestras esclarecedoras de las múltiples incoherencias, flagrantes contradicciones, sorprendentes descoordinaciones, expectativas frustradas y confusiones generadas, protagonizadas por determinados dirigentes políticos españoles, nuevos y viejos. Así, a modo de ejemplos, y  según informes  publicados por en distintos medios de comunicación, muchos católicos votan más al PSOE, de izquierda, que a Ciudadanos, de centro derecha.

Y, en otro orden de cosas y con relación a los principales dirigentes políticos, que no líderes, hay que resaltar que muchos ciudadanos critican y rechazan la aparente chulería infantiloide y arrogancia política de Albert Rivera; los caprichosos personalismos y las puerilidades sinuosas político/partidistas de Pedro Sánchez; las soberbias y despectivas expresiones de Pablo Iglesias y la falta de arrojo político, así como la cachazuda y flemática actitud de Mariano Rajoy. Pero, sin embargo, con respecto al Presidente en funciones, debe señalarse que se siente impelido y animado a llevar la batuta y marcar el ritmo, como protagonista, del rigodón político que vienen ejecutando, de modo muy patoso y forma descompasada, él, Albert Rivera y Pedro Sánchez. No obstante, lo importante es que al final de la escenificación de esta melodramática danza o contradanza el país pueda disponer de un gobierno que garantice su estabilidad y desarrollo.

No se entiende por qué la izquierda se muestra reticente a la hora de condenar el ataque a dos iglesias en Galicia. Y, en este sentido, sorprende que los mismos partidos que firmaron un manifiesto contra la islamofobia rechazan una moción para condenar la quema de la Iglesia de Sedes y la Capilla de Placente, en Narón, A Coruña. En lo concerniente a la política de pactos, la ciudadanía está viendo cómo es el PP, centro derecha, la formación política que está adoptando una actitud dialogante y de cambios importantes, sin vetos,  líneas rojas ni cordones sanitarios de claro signo antidemocrático. Pero, aún en el contexto del tolerante respeto a la pluralidad de formas y modos de expresión social y política, no se produce una especial convulsión por el hecho de que todos los españoles paguen los 50.000 condones de Podemos y los suculentos sueldos de los mediocres e inoperantes dirigentes políticos electos. Ni tampoco, porque  Francina Armengol, Jefa del Consell de Baleares, y Miguel Iceta, secretario general del PSC, pretendan hacer descansar la gobernabilidad del país sobre los independentistas. 

Las trivialidades de signo infantiloide de un buen número de dirigentes políticos españoles, estuvieron en el origen, como concausa, de sus comportamientos autoritarios. Asimismo, y a modo de síntesis, en este artículo se pone de relieve el sentir nostálgico de muchos ciudadanos con respecto a la desaparición del bipartidismo de la escena político/democrática española por los daños colaterales que de tal hecho se derivan, uno de los cuales es el que actualmente está generando malestar y sombras en la convivencia social, a la vez que confusión política, como es el pluripartidismo, llegado a España de la mano de Podemos y Ciudadanos. Por éstas y otras razones, fueron apareciendo en este país una especie de satrapías político/partidistas, regentadas y dirigidas por unos auténticos sátrapas de la política española, artífices de lo que puede reseñarse con el nombre de babelismo político español.

Que los políticos y sus respectivas formaciones están perdiendo credibilidad a pasos agigantados, es una realidad incontestable. Por otra parte, resulta evidente que en España está habiendo una crisis política que puede culminar en crisis del sistema político español, si no se produce una reacción a tiempo por parte de aquellos a quienes competa y corresponda. Finalmente, los ciudadanos con su voto deben corregir y poner coto a los constantes e insufribles devaneos políticos de los dirigentes emergentes y a sus fanfarrias y  fanfarronadas de índole demagógica y populista. En la actual situación de emergencia social, económica y política, los dirigentes políticos, en este frenético intento de constituir un gobierno fuerte y estable en España, no pueden eludir la corresponsabilidad de facilitar la investidura del candidato oficial, propuesto por el Rey, sino que deben de contribuir a la gobernabilidad del país, a los efectos de dar continuidad a la recuperación económica, la creación de empleo y potenciar el Estado del bienestar.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace o link es verbosuelto.blogspot.com